martes, 30 de agosto de 2011

EL SER HUMANO Y LA NATURALEZA


En México existen más de 22 millones de hectáreas bajo protección federal. Éstas se encuentran repartidas en 158 áreas administradas por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), dependencia de la Secretaría del Medioambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
     Si bien no somos el único país sobre el planeta que debe tomar este tipo de medidas para la conservación de la flora yla fauna, eso no nos libera de una responsabilidad muy grande: ¿qué estamos haciendo para la formación de las futuras generaciones? Por más ingenua que parezca la pregunta: ¿será posible que algún día no necesitemos este tipo de reservas porque el ser humano estará acostumbrado a respetar la naturaleza?
¿Qué pueden hacer los docentes al respecto?


El miedo a las consecuencias

Uno de los discursos a los que nos enfrentamos a la hora de fomentar el cuidado de la naturaleza se sostiene en elmiedo. "Si no dejamos de hacer tal cosa ponemos en peligro nuestra supervivencia". Ésta vendría a ser la letanía en eltema: prever las consecuencias negativas de nuestros actos, sobre todo si éstas ponen en peligro nuestra supervivencia como especie.
     Por ejemplo, el calentamiento global ya es una realidad. Según dicen las noticias, se trata de un fenómeno irreversible y la culpa la tendrían las emisiones de contaminantes que la humanidad ha lanzado a la atmósfera desde la Revolución Industrial. Ahora esperamos que el Polo Norte se derrita, se eleve el nivel del mar, cambie el clima en la Tierra ydesaparezcan algunas especies.
     En cualquier momento alguien de Hollywood hará una película en la cual nuestro planeta esté completamente inundado... ¿o ya la hicieron y fue un fracaso? 1
     Greenpeace, así como otros grupos conservacionistas, han aprovechado la noticia del inexorable calentamiento global para salir a los medios y decir: "Se lo veníamos diciendo". Y claro: en la década de los ochenta ya lo habían advertido. Hasta en las Naciones Unidas sabían que, de seguir con su tendencia contaminante, la humanidad iba a producir una catástrofe ecológica.
     
Sucedió que muy poca gente les hizo caso. El público en general mantuvo su nivel de consumo y las chimeneas de las empresas no dejaron de contaminar.
     Algo similar pasó con el agujero en la capa de ozono. No fue sino hasta que todos los medios centraron su mirada en aquel hoyo ubicado sobre el frío Polo Sur, por donde ahora se cuelan los rayos ultravioleta, que los fabricantes y consumidores comenzaron a evitar todo producto que emitiera clorofluorocarbonos (CFC)Compuesto químico muy usado como refrigerante, extintor y propelente para aerosoles. Ahora están prohibidos debido a que atacan la capa de ozono. El químico mexicano Mario Molina ganó el Premio Nobel de Química en 1995 por sus investigaciones en este campo..
     O qué decir de la inundación que sufrió Nueva Orleáns en el 2005, a raíz del paso de un huracán. Los especialistas medioambientales explicaron que en aquella ciudad sus habitantes erradicaron una barrera natural que los protegía: los manglares.
     Son numerosas las "espadas de Damocles" ambientales que penden sobre nuestras cabezas: todas ellas anuncian una catástrofe que pone en peligro la supervivencia de nuestra especie. Sin embargo, ahí sigue la humanidad: concentrada en una febril carrera por el "progreso". Basta un ejemplo para confirmar esta visión: ¿son suficientes las medidas para reducir radicalmente las emisiones de contaminantes y dejar de contribuir al calentamiento global?

El amor a la naturaleza

¿Cómo podemos darle un valor a la naturaleza? ¿Existirá otra forma de relacionarnos con ella de una manera mutuamente provechosa?
     Sin duda alguna, un primer paso es conocerla. Maravillarnos ante su intrincado funcionamiento. Sobre todo verla en acción. En la actualidad existen empresas y organizaciones que ofrecen a las escuelas información e incluso paseos para que los niños puedan estar en contacto con la naturaleza. En el Centro de Educación y Capacitación para el Desarrollo Sustentable  (Cecadesu), existe información al respecto. Si se encuentran cerca de un Área Natural Protegida pueden contactar a la Conanp. Finalmente, existen las facultades de ciencias de las distintas universidades del país: siempre habrá quien les brinde atención. Por si fuera poco, tenemos a la mano documentales y libros con ilustraciones y fotos. ¿Y qué decir de los zoológicos? Allí también dan información.
     Existen los recursos.
     ¿Cómo podemos transmitirles a los niños el amor porla naturaleza? Definitivamente, las y los maestros de las escuelas no tienen un papel importantísimo sino crucial en ese gran reto que tenemos por delante: sentar las bases para una nueva relación entre los seres humanos y la naturaleza. Una que comience por el respeto.










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